Breve historia de los leones del congreso

Publicado originalmente en AquiFueTroya el 29/12/2014

Si hay una historia de la infamia de la clase política española desde hace eones, ésta es la de los leones del Congreso. Hago un spoiler: chapuza.

Aspecto de la Carrera de San Jerónimo con el convento del Espíritu Santo.
Aspecto de la Carrera de San Jerónimo con el convento del Espíritu Santo.

A finales del siglo XVI, la Orden de los Clérigos Menores edificó en la Carrera de San Jerónimo, en la entrada a Madrid, el Convento del Espíritu Santo. Un par de siglos después, exactamente en 1823, un señor francés, sobrino de Luis XVI y primo de Fernando VII, que huyó de Francia por miedo a la revolución (sobre todo a la guillotina) llegó a España al mando de los Cien Mil Hijos de San Luis. Los Cien Mil Hijos de San Luis no eran 100.000, pero casi (95.000) y, evidentemente, no eran hijos de San Luis (imaginaos qué vida la de ese pobre hombre en caso de ser así), sino un producto de la Santa Alianza, que era como el Club Bilderberg de la época, y que decían que eso de la revolución no gustaba, que era mejor aquello otro del absolutismo.

Total, que este señor francés, Luis de Francia (o Duque de Angulema, que os sonará más), estaba en ese año de 1823 tan tranquilamente oyendo misa junto a su Estado Mayor en la capilla del citado Convento del Espíritu Santo cuando la capilla empezó a arder y echó a perder el edificio.

La Historia continúa en general, pero, una vez muerto Fernando VII, allá por 1834, deciden que el lugar para la celebración de las cortes sería esta capilla. Total, que les gusta la ubicación de las reuniones, y discuten si allí o aquí, hasta que deciden que van a levantar un edificio en ese lugar con el fin de poder reunirse con más comodidad. Y es en 1843 cuando Isabel II coloca la primera piedra del edificio de las Cortes, que sería inaugurado en 1850 por la misma Isabel II. Narciso Pascual Colomer fue el encargado del proyecto: habiendo realizado grandes obras como el Palacio de Vistalegre o el Real Observatorio de Madrid, al arquitecto no se le ocurrió otra cosa para rematar la escalinata del edificio que un par de insulsas farolas.

Parece ser que esas farolas en las escalinatas no gustaban mucho; los diputados y la gente en general pedían que ahí se colocara “algo” que le diera más empaque al asunto. Se recurrió a Ponciano Ponzano, un escultor aragonés que por entonces estaba muy bien considerado a pesar de que hoy sea poco conocido entre el gran público. Por ejemplo, la estatua de la libertad de Nueva York se inspiró en una obra suya que servía de remate a la sepultura de Argüelles, Mendizábal y Calatrava, y que se encuentra en el Panteón de Españoles Ilustres, en el barrio de Pacífico de Madrid. Ponzano fue escultor de la corte y casi escultor oficial de la administración, pero en un momento terrible: tenía el Estado tan poco presupuesto en general que nuestro escultor tuvo que hacer incluso de cochero.

Estatua de la libertad de Ponciano Ponzano en el Panteón de Españoles Ilustres.
Estatua de la libertad de Ponciano Ponzano en el Panteón de Españoles Ilustres.

Con estas mimbres, se le encarga a él, que ya había realizado el frontón del edificio, la obra de adornar la escalinata. Se decanta el escultor aragonés por colocar dos leones, un macho y una hembra, representando a Atalanta e Hipómenes, que son dos de los leones que tiran del carro de Cibeles en la famosa representación de la misma en Madrid. Pero, como hemos dicho, se manejaba muy poco presupuesto, así que se realizan en yeso y se pintan para que parecieran bronce. Se inauguran en 1851 con algarabía generalizada, pero en 1852, un año después, el yeso se ha ido deshaciendo y los leones están que dan pena.

Las perras, o los leones de Bellver, en su actual ubicación, los jardines de Monforte en Valencia.
Las perras, o los leones de Bellver, en su actual ubicación, los jardines de Monforte en Valencia.

Total, que desde las Cortes vuelven a llamar a Ponciano,  le piden presupuesto y deciden que no, que es más caro de lo que pensaban al principio, que tienen que estudiar más opciones y todas esas cosas que ha escuchado cualquiera al que no le han aceptado un presupuesto. Entonces llaman a José Bellver, un escultor abulense que andaba recién vuelto de Roma y que se había ganado un puesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Este Bellver construye dos leones en piedra, que hoy están en los jardines de Monforte en Valencia.

Estas estatuas de Bellver se convirtieron en el reverso de algunas monedas, las de 5 y las de 10 céntimos. Éstas se conocerían como las “perras chicas” y las “perras gordas”, porque a gente decía que no eran leones, sino perros rabiosos, lo que parecían esas imágenes. Así, las perras, las chicas, las gordas, y en general, las monedas, pasaron a la iconografía de España, en la que hoy en día se sigue diciendo “dame unas perras”, “no tengo perras”, etcétera.

Moneda de la perra chica. No he encontrado ninguna foto mejor y la perra chica que tengo en casa está en peores condiciones, a ver si encuentro alguna en mejor estado y cambio la foto.
Moneda de la perra chica. No he encontrado ninguna foto mejor y la perra chica que tengo en casa está en peores condiciones, a ver si encuentro alguna en mejor estado y cambio la foto.

Este escarnio que sufrieron los nuevos leones, o las nuevas perras, siguiendo con la humorística de la época, resultó demasiado vergonzante para un Estado en horas bajas. Entre 1859 y 1860, ese Estado en permanente crisis se traslada a sus posesiones en el Norte de África para frenar a los levantados en el Valle del Rif contra la presencia española. En esa guerra se produce una batalla importante, que ganó el ejército español, la batalla de Wad-Ras. Además de la victoria militar, los españoles se trajeron varios cañones del enemigo (y quedó un magnífico lienzo conmemorativo en el Museo del Prado).

Los actuales leones del congreso.
Los actuales leones del congreso.

Con esos cañones en su poder, el Congreso llama de nuevo a Ponciano Ponzano, le dicen que ya tienen el bronce, que les haga una rebajita, y así el bueno de Ponciano, que tenía muchas influencias pero “muy pocas perras” prepara los moldes con los que se fabricarán, en la Real Fábrica de Artillería, los definitivos leones del congreso. Y es que son definitivos de casualidad, porque desde que se colocan los nuevos leones de bronce en 1865 hasta 1872 que se zanjó el asunto, una serie de diputados estuvo en contra de la colocación de los leones, no por colocarse, ni por ser leones, ni por ser de bronce, sino porque el bronce provenía de una guerra, y esa alegoría a la guerra no debería estar bien vista.

 

Por último, no podemos dejar de referir aquí la campaña de publicidad del canal de Historia:

 

Se llevó varios premios publicitarios, pero ningún león necesitaba el saco escrotal. Uno de los leones, porque es macho (y es el que tiene), Hipómenes, y el otro porque es hembra, Atalanta. Así que, muy mala nota para todos los diputados que salieron en el vídeo del Canal Historia.

Total, que desde 1850 hasta 1872 para dos estatuas, que entre lo que se cobró en los tres proyectos, seguro que le podían haber dado a Ponciano un par de años de tranquilidad económica y no haberle mareado tanto.

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